Y ÉL NOS EXPLICÓ SU PALABRA

 

-¡Buenos días Jefe!

-¡Hola!. ¿Traes alguna novedad?

-Verás, después de publicar tu historia sobre la arcilla, se han recibido un montón de preguntas en el "buzón de sugerencias", por lo visto ha llegado a bastantes personas.

-¿Son muchas las preguntas?.

-Sí, pero todas tienen un denominador común.

-¿Cuál es?

-El significado de algunas aptitudes y posibles alternativas para llegar al final de la historia. Pero en resumidas cuentas, lo único que desean es que Tú expliques esta historia-parábola como lo hacías antaño a tus discípulos.

-Me parece muy bien, me encanta que acudáis a Mí, "siempre estoy dispuesto".

-Entonces, ¿la vas a explicar?

-¡Claro!, me hace recordar los inicios, ¡aunque llevo 2000 años explicándola!.

-Ya lo sé Jefe, somos olvidadizos, ¿qué podemos hacer sin tu Palabra?, ¡la necesitamos!.

-Ya que me lo pedís, os la explicaré:

Esta historia te la dicté con el único objetivo de que os pararais a pensar en el significado y veo con agrado que lo habéis hecho. Yo sabía que las preguntas vendrían, porque sé cómo sois; pero os di el “don de la libertad ”y ahí sois vosotros los que tenéis la última palabra

El Alfarero, no hace falta que os diga que soy Yo, y las figuras, vosotros. Pero en el proceso, es donde está la enseñanza que quiero que aprendáis.

Mirad: Cada figura es única, porque os he hecho con diferentes arcillas, por lo que cada uno tenéis también cualidades distintas. Todas me gustan porque Yo las he creado, sé hasta dónde podéis llegar y os acepto y quiero como sois.

Cuando terminé mi obra me pregunté: "¿Qué me falta para que sea perfecta?" y me di cuenta que faltaba algo; era "el hombre", pero para hacer la "obra perfecta" tenía que ser a mi "imagen y semejanza" y así lo hice. Por eso le pregunté a la arcilla: "¿Qué quieres ser?" y me respondió "tu mejor obra de arte" y si quieres que os diga la verdad, esa respuesta me conmovió tanto que por eso os creé, para que así mi obra fuese perfecta.

Las figuras están frescas y no se pueden mover en un tiempo, ya que si se mueven se estropean, como así ocurrió con la arcilla de la historia.

-¿Por qué se movía tanto, Jefe?

-El hombre sabe en su interior que es diferente, que es culmen de la Creación, domina en la Tierra, trata de dominar el espacio y desea dominar todo lo que se le ponga a su alcance. Se cree autosuficiente y su "yo" es lo único que le interesa, pero además quiere y desea que los demás lo admiren y adulen por verlo perfecto, aunque él sabe de sus deficiencias, ya que la obra todavía no está terminada. Por eso se mueve tanto; primero para hacerse notar y luego para los que se paren a observarlo sólo vean su parte más fotogénica (para que lo entendáis), ocultando sus imperfecciones a la vista de todos.

-¿Y por qué dices que sabe que la obra no está terminada?.

-La perfección de una figura es llegar a ser para lo que fue creada, pero para llegar a ello necesita un proceso y ahí es donde está la "clave de todo"; necesita paciencia y sobre todo ponerse incondicionalmente en manos del Alfarero, para que Él pueda concluirla y marcarla con su "sello", sello que la identifica con su Creador.

-Para que se dé cuenta la figura que no está terminada lo tiene complicado, ¿no lo crees Jefe?

-En las condiciones que Yo creé al hombre no lo era, luego se torcieron las cosas por el ingrediente que le puse a la arcilla: la libertad. Ahí es el hombre el que tiene que elegir el camino a seguir. Tenía la opción de quedarse quieto, sin moverse para no deformarse y esperar que siguiera el proceso. Si fallaba ese, podría haber estado más atento al reflejo de la urna, que era como un espejo donde se reflejaba su "yo", por lo que podía rectificar y poder seguirlo.

  -Pero Tú Jefe, siempre dejas una vía de Salvación, por ser todo Bondad y Misericordia. ¿Cuál dejaste?.

-El que al final tomó: Pedir auxilio; venir a Mí. Tardó mucho en verse en el reflejo de la urna, porque no tenía tiempo de encontrarse a ella misma; cuando lo hizo quedó horrorizada y gritó mi nombre pidiéndome ayuda. No me pude contener. Si soy su Creador, ¿no la voy a socorrer?

El arrepentimiento sincero es mi punto débil, no lo puedo remediar. Amigo mío, ¡hasta Dios tiene su tendón de Aquiles!.

-¿Y cuál es ese proceso del que hablas?.

-Como os dije antes, lo primero es ponerse incondicionalmente en manos del Alfarero, o sea, "abandonarse por completo en Mí". Luego, para que la figura siga evolucionando tiene que pasar por el "horno de cocción", donde sólo Yo conozco el tiempo y la temperatura que tiene que estar la figura, como recordaréis, cada figura es de una arcilla diferente por lo que todas no pueden estar el mismo tiempo y soportar igual temperatura. Este proceso es para que la figura se estabilice y no se deforme. Me preguntarás "¿Y qué significa esto?". En el hombre es la purificación del alma, (vuestra parte divina). Hay muchas cosas que os impiden llegar a ser perfectas con "el sello de autenticidad", como el desamor, la vanidad, el rencor, la envidia, el odio, el egoísmo, la avaricia... Este horno, tiene la virtud de quemar todo , pero para que este paso sea un éxito hay que abandonarse y confiar en Mí.

Resumiendo: Es la maduración espiritual del hombre.

-No me creía que esto fuese tan largo y doloroso.

-Todo tiene su compensación; es doloroso porque hasta llegar a despojaros de vuestros "yo" y reconocerme a Mí como vuestro "Camino", es un tiempo que tenéis que armaros de valor y luchar contra muchos enemigos, pero superado esto, Yo os compensaré con creces, porque seréis el orgullo de mi obra.

-¿A quién acudiremos en la Tierra para que nos guíe e instruya y así poder vencer tantas dificultades?.

-Ya os lo dijo mi Hijo, ¿no lo recordáis?: "Necesitáis que Yo me marche para que el espíritu Santo venga, os guíe y os instruya y así poder entender todas mis enseñanzas. El Paráclito es vuestro S.O.S., a Él tenéis que acudir constantemente, os guiará y os hará pasar por el "horno de cocción" con verdadero gozo.

-¿Y en el horno termina el proceso?.

-No, queda otra fase. Es la del pulimentado, corregir defectos y darle el color y esmalte para que la obra quede perfecta. Esto quiere decir que siempre quedan restos adheridos y hay que pulirlos para luego finalizar con el barniz, rompiendo así el equilibrio entre la razón y la fe, dándole un tinte de Divinidad, o sea, de santidad al hombre. Y es cuando Yo, como Alfarero, pongo mi "sello" quedando así para toda la eternidad.

-¡Señor, quisiéramos pertenecer a esa colección de figuras con Tu sello de autenticidad; nos abandonamos en Ti, Tú eres el mejor Alfarero!.

¡Gracias Señor!

 

 

 

 

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