| ¿Hacemos de todo un negocio? |
Mirando alrededor, a veces me da la impresión que todo vale, todo está permitido y, por supuesto, todo tiene un precio material que pagar. Está claro que vivimos en una sociedad consumista, no descubro nada nuevo con ello, pero, ¿necesariamente todo tiene un precio material?.
No hace mucho, hablando con una persona, me decía haciéndome referencia a un escrito con fines formativos y evangelizadores: "Eso te pones en la puerta de la iglesia y los vendes". ¿Por qué un par de papeles que pueden ayudar a la gente hay que venderlos?, ¿no se pueden regalar?. Dios nos lo ha regalado; no entiendo porqué tenemos que vender lo que el Señor nos ha dado gratis.
Hay cosas que hay que vender, sin lugar a dudas, como son los libros formativos, catecismos... pero de todo hacemos negocio. Revendemos con unos precios desorbitados para sacar dinero.
Pongamos ejemplos que tenemos muy cerca de nosotros: a los Evangelios de cada día se le saca un dinerillo curioso, las velas (que se nos anima a comprar como si de un supermercado se tratara), antorchas para el Santo Rosario por las calles, en las famosas Misiones Populares (de las que se sacó un buen pellizco económico) y... las propias Misiones Populares, de las que aún, no se ha dado cuenta de todo el dinero invertido en ellas.
Hacemos DVDs que se venden y se publicitan en una televisión en el interior del templo y, no se sabe dónde van a parar esos beneficios. La gente hacen fotos de imágenes, y se venden como estampitas para beneficio propio, "obligando" al personal a comprarlas como las papeletas, que parece que ganamos dinero a comisión con sus ventas y, si nos negamos a ello, somos criticados y tachados de...
Todo tiene un precio. Antes en las bodas, bautizos... los fieles daban un donativo, si podían o querían y el que podían o querían dar; sin embargo, ahora se deja caer un precio aproximado, y si no damos dinerito, incluso seremos incapaces de nombrar al difunto en una misa ofrecida por él, y con estas actuaciones hacemos, que la Iglesia sea aún más criticada si cabe, siendo acusada de interesada y consumista y, eso no es lo que el Señor quiere que sea.
Desde aquí sólo quiero y deseo animar a todos, a que pensemos sobre ello y, si es posible, actuemos en consecuencia con la ayuda del Señor.
28-05-05
Rafael Cazalla Urbano