José Antonio Capurro Ponce

 

José Antonio Capurro Ponce, hasta ahora Vicario Parroquial de San Mateo y San Francisco, en Tarifa; tiene un nuevo destino. Se marchará a la Parroquia de San Bernardo Abad, en La Línea de la Concepción.

¿Contento o triste?. Pese a lo que diga a unos y otros, sólo él sabe lo que siente. Desde mi punto de vista pienso que, ahora va a poder crecer como sacerdote. ¿Por qué digo esto?. Sencillamente porque ha estado atado de pies y manos y no ha podido hacer nada, únicamente lo permitido por su inmediato superior: Agustín Borrell García. Ha querido, o ha tenido la intención de hacer cosas pero luego decía que "sólo puedo hacer hasta donde me dejan", dejando, de esta forma, de trabajar en la parroquia en el tema pastoral como debería, y no será por falta de medios ni colaboración, quizás porque podía hacer muchas cosas buenas oscureciendo la escasa labor de otros.

Ahora, le guste más o le guste menos su destino, le va a costar porque, de hacer lo mínimo (por las razones mencionadas antes o por las que sean) durante su estancia en Tarifa, a ser el responsable de una parroquia... es un cambio francamente brutal. Pero me reitero, y pienso que ahora sí podrá crecer como sacerdote.

Desearía que se llevara de aquí, lo poquito bueno que tenemos, para que lo ponga en práctica y; lo malo que hay, para que aprenda de esos errores e intente no caer en los mismos.

Y... por supuesto, no nos olvidemos de rezar por él, para que le vaya muy bien en su nuevo destino, y por Agustín Borrell, para que abra los ojos y los oídos y no los cierre, y por el nuevo coadjuctor que, muy seguro estará entre nosotros después de este verano.

Para concluir, adjunto unas palabras de José Antonio Capurro para el libro "Curas del 2000".

 

¿Cómo surgió tu vocación?

José Antonio Capurro Ponce, Cádiz-Ceuta

Sólo puedo verlo como consecuencia de un proceso de conversión que ha transformado mi vida completamente. Hasta bien entrada la adolescencia, mi relación con Dios era de continuo reproche. El encontrarme en silla de ruedas provocaba en mí la continua pregunta del ¿por qué? El estar tan pendiente de mí mismo, lamentándome de mi situación, hacía que no pensara en nada ni en nadie. Era como si todo se me debiera. En esta situación me encontraba cuando alguien me animó a ir a la parroquia. Es asombroso cómo la Palabra de Dios va calando lentamente y le va dando sentido al aparente absurdo de la vida. Este proceso fue largo, con continuos retrocesos y vuelta a empezar. El experimentar cómo Dios me amaba en mi debilidad hacía crecer en mí el deseo de anunciarlo a los demás. Aparecía ante mí su mensaje de esperanza, de amor, de libertad como algo maravilloso e ilusionante. Esto hizo que empezara a surgir en mí el deseo de seguirlo de una forma más radical.

(Extraído del libro "Curas del 2000")

 

 

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Rafael Cazalla Urbano

30 de Junio de 2005